29-12-95 Roberto Villegas Robles
Hace algún tiempo atrás la berma central de la avenida en la que
vivo, había permanecido durante algunos años sin cultivo.
Naturalmente se llenó de variadas plantas a las que se les suele
llamar "hierbas malas". No había jardinero que regara la berma;
uno de los espectáculos bellos era que constantemente venían
muchas aves, según las estaciones, aunque debemos de asegurar que
los gorriones y las diferentes variedades de palomas eran las más
asiduas.
Algunos vecinos sembraron árboles, por eso es que no falta un
ficus, que la compañía de electricidad no tardará en talar pues ya
está llegando a los cables de alta tensión, también tenemos
álamos, pinos, palmeras, alguna ponciana real, sauces,
curiosamente una higuera, y lo que llama la atención es un par de
pacaes y un saúco, árboles que generalmente no se siembran en
jardines, así es que como son plantas nativas es posible que hayan
crecido porque alguien haya tirado ocasionalmente alguna semilla.
Por su parte la municipalidad sembró intercalado, tulipanes
africanos y jacarandás; este último mencionado es maderable, de
muy bella veta y que curiosamente se utilizó para hacer muebles en
la época colonial, en la actualidad no se usa, se prefiere las
maderas que traen de la selva.
Pero a la siembra de árboles, naturalmente que se sembró, lo que
supongo se tendrá que decir "hierbas buenas": grass americano y
grass inglés. Ambos son los que se siembran en todos los parques y
jardines públicos y particulares de nuestro país. Quien tenga casa
con jardín sabrá lo laborioso y costoso que resulta mantener estas
plantas, pues consumen bastante agua, ese líquido elemento tan
escaso en nuestra ciudad, también en toda la costa y sierra; por
si no lo saben esta es una planta que trajeron los europeos, en
ese continente llueve bastante, pues está adecuado a su ecología,
sobre todo a la de Gran Bretaña, islas que viven en una permanente
neblina, humedad propicia para esa planta. Pero aquí en nuestro
territorio en donde la sequedad es la constante esa planta sufre
mucho y mantenerla viva es muy costoso, porque costoso es el agua
potable, además expulsa un fino polvillo, que suele causar
alergias.
Recuerdo que antes de la intervención de los jardineros, una
anciana vecina muy de mañana se levantaba para cosechar de estas
"hierbas malas", como el llanten, que lo utilizaba en emplasto
como desinflamante de contusiones, la sanguinaria usada para
controlar la sangre en la menstruación; el paico, como planta
alimenticia y el jugo para controlar la diarrea; el diente de
león, con el que se prepara un buen insecticida para combatir a
los insectos, también se consume en ensalada y según últimas
investigaciones regula la irrigación sanguínea; la verdolaga,
usada en emplasto para curar fiebres, entre otras "hierbas malas".
Por eso es que tenemos que preguntarnos: ¿De qué hierbas malas
estamos hablando?; cuáles realmente son buenas y cuáles son las
malas. Si bien es cierto que ésta calificación la pone el hombre
de acuerdo a sus intereses, es bueno darnos cuenta que
generalmente solemos tratar despectivamente a las plantas nativas,
que desde hace muchos cientos de años forman parte de la
farmacopea popular y que la ignorancia actual suele llamarlas
"hierbas malas". Sería bueno que en algún pequeño espacio de
nuestro jardín o inclusive en macetas tengamos a mano nuestra
pequeña farmacia hogareña que más de una vez nos solucionará
problemas de salud. Herencia muy bien aprovechada por los
culturalmente nativos en nuestro país.