Un curioso escándalo sacude a la Policía Nacional del Perú en Cusco. La coronel PNP Edith Espejo Puma, jefa de la Oficina de Disciplina de la Inspectoría Descentralizada de Quillabamba, fue detenida preliminarmente por presunto cohecho activo específico.
Durante la intervención, la oficial superior se desmayó al conocer la orden judicial, por lo que fue trasladada de emergencia al hospital local en una ambulancia de la Sanidad PNP.
Según la investigación fiscal, la detención estaría vinculada a una presunta red de extorsión y cobro de coimas dentro de la Inspectoría. El principal operador sería el suboficial Jasand Barrios Cárdenas, señalado de exigir dinero a policías investigados a cambio de “archivar” procesos disciplinarios.
Uno de los casos documentados revela que Barrios habría solicitado S/ 15 000, negociados finalmente en S/ 10 000, con un adelanto de S/ 3 000. La captura ocurrió tras una entrega vigilada, donde el suboficial —al verse descubierto— intentó huir y destruyó evidencia tragándose los billetes fotocopiados.
El caso también ha generado indignación por el evidente doble rasero dentro de la PNP: mientras la coronel recibió inmediata asistencia, respaldo y una ambulancia policial, al suboficial implicado se le dejó sin apoyo y fue públicamente deslindado por sus superiores.
Este episodio vuelve a poner bajo la lupa la corrupción en las inspectorías de la PNP y el cuestionado “espíritu de cuerpo” que parece operar de forma distinta para oficiales y suboficiales. La ciudadanía exige respuestas claras y responsabilidades en todos los niveles involucrados.
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