La pota, o calamar gigante, sostiene la segunda pesquería más importante del país. Esto se debe no solo a su considerable valor económico, sino también a la generación de empleo y al efecto multiplicador que produce en una cadena de valor que se extiende desde los puntos de desembarco hasta los restaurantes y hogares de todo el mundo.
A pesar de su importancia, la pesquería de pota al tratarse de una actividad principalmente artesanal, no ha recibido durante muchos años la atención necesaria para optimizar su manejo. Si bien se han realizado estudios sobre su biología, crecimiento y reproducción, todavía estamos lejos de contar con una visión integral que permita avanzar hacia un manejo sostenible. Además, el crecimiento desmesurado de la flota artesanal ha incrementado de manera significativa el esfuerzo pesquero sobre la especie.

Este contexto dificulta la estimación de la biomasa, para lo cual se requiere información confiable y oportuna, así como un modelo poblacional robusto que pueda ajustarse sobre la marcha. Esta situación ha llevado a que PRODUCE ajuste la cuota de captura en hasta seis oportunidades en lo que va del año:

Si bien estas normas han permitido asignar parcialmente la cuota del recurso a lo largo del año, no han estado exentas de críticas. Según algunos sectores, la aparente improvisación con la que se han aplicado podría estarnos conduciendo a un mal manejo de la pota.
Sin embargo, para comprender el desafío que implica establecer cuotas de pesca para la pota, es necesario considerar tres características biológicas que la distinguen de otros recursos pesqueros. La primera es su corto periodo de vida: en promedio, alcanza apenas un año y medio antes de morir. De hecho, la mayoría vive cerca de un año y solo unos pocos ejemplares superan los 18 meses.
En segundo lugar, la especie muestra una gran elasticidad frente a las condiciones oceanográficas y de disponibilidad de alimento. Es decir, su desarrollo se adapta al entorno en el que crece, lo que permite encontrar potas de un año muy pequeñas (las llamadas “potillas”) pero también ejemplares que alcanzan 1 metro o incluso 1 metro 20 de longitud. En otras palabras, la edad y el tamaño del individuo no guardan una relación directa.
Por último, y quizá lo más relevante, cuando las potas alcanzan su tamaño máximo, se reproducen y mueren. En otras palabras, se trata de una especie que solo se reproduce una vez en su vida, a diferencia de la anchoveta y otros peces.
Por ello, el punto crítico de su manejo consiste en asegurar que la mayoría de los individuos logre reproducirse antes de ser capturada; de lo contrario, no sería posible garantizar la regeneración del stock.
Pesca de pota en Perú
Todos estos elementos hacen que el modelamiento científico de sus poblaciones resulte particularmente complejo. A ello se suma la enorme variabilidad oceanográfica de nuestros ecosistemas marinos. En este contexto, y ante tanta incertidumbre, es destacable que se organicen operaciones de evaluación con la asistencia de la flota pesquera (Operaciones Calamar Gigante) y que, recientemente, el BIC Humboldt haya iniciado una prospección del estado del recurso. La información recopilada contribuirá a mejorar nuestra capacidad de manejo desde una perspectiva científica.
Por todo ello, un elemento central en la búsqueda de un manejo sólidamente basado en ciencia es la necesidad de contar con un protocolo claro para el cálculo del límite máximo de captura permisible o cuota de pesca. Para ello se requiere la conformación de una comisión o grupo de trabajo liderado por el Estado con IMARPE a la cabeza que integre la participación de expertos nacionales y, de ser posible, de representantes de la FAO, de la OROP del Pacífico Sur y de otros actores del sector pesquero.
Solo así será posible elaborar un protocolo transparente, similar al que ya existe para la anchoveta, el cual se obtuvo tras la sistematización y el análisis de la información científica recopilada por IMARPE, así como mediante un riguroso proceso de revisión por parte de paneles científicos internacionales tanto de la FAO como de diversos centros de investigación pesquera.
Es fundamental que el Ministerio de la Producción, en coordinación con IMARPE y otros actores clave de la pesquería, avance en la elaboración de un protocolo que sirva como guía para el cálculo de la cuota de pesca de pota. Este protocolo debe basarse en parámetros sustentados en evidencia científica y, además, identificar con claridad las necesidades de investigación y los datos requeridos para desarrollar un modelo de stock. De esta manera, será posible seguir extrayendo este recurso tan valioso de forma confiable, asegurando tanto los beneficios económicos actuales como los futuros para nuestras comunidades pesqueras.
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