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David Vilcapuma Gutiérrez Licenciado en Educación |
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El anexo San Luis de Huañupiza (distrito de San Juan de Yánac - Chincha) amanece hoy envuelto en un profundo silencio, como si la tierra misma sintiera el dolor de una ausencia irreparable.
Con el corazón profundamente entristecido, despedimos a nuestra querida hermana Adelaida Vilcapuma Saldaña (Q.E.P.D.), cuya partida deja un vacío imposible de llenar. Aunque ya no podamos abrazarte ni escuchar tu voz, tu amor, tus consejos, tu sonrisa y cada uno de los momentos compartidos permanecerán para siempre vivos en nuestros corazones.
Fuiste el alma y el corazón de tu hogar, una mujer entregada a su familia, una madre ejemplar y una abuela incomparable. Tus hijos, hijas y nietos tuvieron el privilegio de conocer ese amor inmenso que solo una madre como tú podía brindar: un amor que protegía, que aconsejaba, que acompañaba y que daba fuerzas aun en los momentos más difíciles.
Tu vida fue un hermoso ejemplo de entrega y amor. Como madre y esposa, dejaste un legado que el tiempo jamás podrá borrar. Nos enseñaste, con tus palabras y sobre todo con tus actos, que amar significa darlo todo sin esperar nada a cambio.
Hoy tu ausencia nos duele profundamente. Sin embargo, entre las lágrimas encontramos consuelo al recordar tu sonrisa, tu ternura, tu dedicación y esa manera tan tuya de estar siempre pendiente de quienes amabas.
Cómo olvidar aquellos encuentros en las lomas de Palmadera, esos momentos que ahora adquieren un valor aún más grande. Cómo no recordar cuando, con ese cariño que te caracterizaba, me decías: “Abrígate, hijo, hace mucho frío”. Palabras sencillas, pero llenas de ese amor que hoy guardamos como uno de los recuerdos más preciados.
Hoy, la tierra que te vio nacer y caminar parece llorar tu partida. Las lomas de Palmadera se visten de tristeza y los caminos guardan el eco de tus pasos, esos pasos que ya no volveremos a escuchar, pero que permanecerán para siempre en nuestra memoria.
Te fuiste como viviste: con el corazón lleno de fe y esperanza, confiando en Dios y llevando en el alma aquella hermosa melodía que tantas veces entonabas, recordándonos que el Señor cuidaría de ti. Mientras contemplabas las aves, los campos y la belleza de la creación, encontrabas motivos para creer y agradecer.
Hoy tu canto ya no se escucha entre nosotros, pero creemos que ha encontrado un lugar en la eternidad. Tu voz seguirá resonando en nuestros recuerdos, en el corazón de tus hijos, de tus nietos, de tus hermanos y de todos quienes tuvieron la dicha de conocerte.
Nos queda un inmenso vacío, pero también nos queda tu legado: el amor que sembraste, las enseñanzas que nos dejaste y los recuerdos que nadie podrá arrebatarnos.
Elevamos nuestras más sinceras condolencias a toda la familia y pedimos a Dios que les conceda fortaleza y consuelo en estos momentos de profundo dolor.
Adelaida, tu partida no será el final de tu historia. Tu amor seguirá caminando con nosotros, tu recuerdo seguirá iluminando nuestros días y tu nombre permanecerá por siempre en el corazón de Huañupiza.
Descansa en paz, querida hermanita Adelaida.
Que Dios te reciba en sus brazos y te conceda el descanso eterno.
Vivirás por siempre en nuestros corazones.
Chincha, septiembre de 2026
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