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Por: Alfredo Gutarra Luján Periodista huancavelicano independiente |
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Fiel a su estilo apocalíptico y punzante, el experimentado periodista César Hildebrandt ha vuelto a encender las alarmas de la opinión pública con su más reciente columna, titulada “En pocas palabras”.
En un texto breve pero cargado de urgencia dramática, el director de Hildebrandt en sus trece no matiza: da por sentada la victoria de Keiko Fujimori y convoca, desde ya, a una suerte de "guerra de guerrillas" civil, legal y cultural.
Sin embargo, tras la pirotecnia de su impecable prosa, la propuesta deja al descubierto las eternas fracturas y taras de una oposición peruana que solo sabe unirse en torno al espanto.
La profecía de la "retroexcavadora"
Hildebrandt arranca con una certeza que roza el fatalismo: “La señora prepara su gobierno. El gobierno que se parecerá al de su padre”. Para el periodista, el retorno del fujimorismo no es una posibilidad democrática, sino una inminente catástrofe institucional, una "retroexcavadora" lista para demoler lo avanzado.
Lo interesante —y cuestionable— de su postura es el pragmatismo desesperado que exige a sectores históricamente irreconciliables. Su llamado es un ruego a la amnesia selectiva:
- A las ONG de Derechos Humanos: Les pide olvidar siglas y nombres para armar un frente legal local e internacional.
- A los sindicatos: Les exige superar "viejas divisiones de origen asiático" (en clara alusión a las rupturas ideológicas del siglo pasado) para adoptar un mero "menú de sobrevivencia".
- Al centro político: Le demanda una coalición urgente con la centro-izquierda, lanzando de paso un dardo envenenado a figuras como Jorge Nieto, a quien implícitamente arrincona contra la pared de la sospecha moral.
El sesgo del faro moral: ¿Unión o intolerancia?
“Es hora de que la cultura, la academia —no aludo aquí a los politólogos que en manada se están pasando al fujimorismo— [...] hagan causa común frente a la marea de censuras”.
Es en este fragmento donde el pulso crítico de Hildebrandt revela su mayor debilidad: el dogmatismo. Al estigmatizar a los politólogos o analistas que intentan tender puentes o analizar el fenómeno fujimorista sin apasionamientos, tildándolos de "manada", el periodista incurre en la misma intolerancia que censura en sus rivales. Para Hildebrandt, en el escenario que viene no hay espacio para el matiz; o se es parte de la "resistencia" o se es un cómplice del oportunismo.
Asimismo, resulta sintomático que el autor convoque a los "gritos" y a las trincheras antes de que el eventual gobierno empiece. En lugar de proponer una agenda proactiva, reformas de fondo o una autocrítica de por qué el antifujimorismo terminó arrinconado y sin líderes capaces de convencer en las urnas, Hildebrandt prefiere la comodidad del eterno rol contestatario.
La tormenta perfecta de una oposición sin brújula
El diagnóstico del columnista es certero en algo: la fragmentación actual frente a una derecha dura es equivalente a intentar “cruzar el océano en un caballito de totora”. Pero su receta peca de reactiva. Unir a la academia, el arte, los sindicatos y los partidos del centro solo a través del miedo al "monstruo" del fujimorismo ha demostrado ser una estrategia con fecha de caducidad inmediata. Ya se vio en el pasado: el "anti" sirve para marchar, pero no para gobernar ni para legislar.
Hildebrandt escribe desde la trinchera de la nostalgia combativa. Su texto es un vibrante llamado a las armas retóricas, pero también la constatación de que la intelectualidad y la izquierda peruana siguen careciendo de un proyecto de país propio. Al final, si la única propuesta de la oposición es "resistir", el país queda condenado a un bucle infinito donde el gobierno destruye y la calle grita, mientras el desarrollo sigue esperando.
NB: Los artículos publicados en esta Sección Opinión Libre son de entera responsabilidad de su autor. El contenido no refleja necesariamente la opinión de Huachos.com
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