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El Harawi

Ubicándose en una parte dominante de la chacra, las mujeres en coro y con voces agudas entonaban el harawi, que es un canto quechua, antiquísimo, reservado para épocas de siembra y cosecha.

 

Por: Esteban Saldaña Gutiérrez 

Ingeniero Industrial



Ese día, “rayando la aurora”, la casa se inundaba de voces y ajetreos. La despensa, un cuarto oscuro y colcas, donde colgaban carnes secas en redecillas de gruesas y toscas tiras de cuero, sus pequeñas puertas se abrían y cerraban. En la cocina, el fogón, alimentado por leñas de eucalipto chisporroteaba vivamente y sobre ella un perol de cobre.


Como en épocas de fiesta la casa llena, papá y los validos ordenando los enseres y aperos de la siembra. Mamá en la cocina en otros ajetreos. Después salían de casa, los mansos bueyes por delante, seguidos de una comitiva bullanguera, llevando la semilla en primorosa alforja, el pesado arado, yugo de moldeada forma, lampas y barretas relucientes. Mi madre, con su sombrero de fiesta y “lliclla” a la espalda y la comitiva de mujeres llevando chicha en blancos baldes y enseres de cocina.

 


Se llegaba a la chacra y en un claro los hombres se sentaban en semicírculo. Hojas de coca endulzaban los rostros duros del hombre del campo, hablaban de la lluvia, y auguraban un buen año y buena cosecha. Luego mamá tendía un mantel blanco y sobre ella esparcía escogidos granos de maíz, hojas de coca y con solemnidad de misa pronunciaba “pukllamusun” (hay que jugar). “Auriqui tiay” (Si tía) contestaban con algarabía. Se jugaba la suerte del gañan, de los toros, de don Esteban también, coreaban, del guía, del guía repetían. Pletóricos de alegría empezaba la siembra, previa ofrenda a los apus y al huamaní, celoso vigilante del pueblo que dormita encima de gentilmachay.


Nuevamente mamá, rodeada del resto de mujeres y ubicándose en una parte dominante de la chacra, en coro y con voces agudas entonaban el harawi, que es un canto quechua, antiquísimo, reservado para épocas de siembra y cosecha.

 

 

Los hombres contestaban con voces graves, conjugando con el mando a los toros. “Jahuan, jahuan, jahuan”. “Ucu, ucu, ucu”. Terminado el ritual, una vez más tomaba la iniciativa y colocándose el fino sombrero de fiesta y cruzando la lliclla sobre la espalda retornaban a casa a preparar el almuerzo y el refresco.


Mamá, un día como hoy, del siglo pasado, llegaste a este mundo y creciste bajo los cuidados de mamá “Conce” y papá “Nico”, en Tinyayocc y en la pampa florida, en una espaciosa casa, con amplio jardín interior donde un hilo cristalino de agua cruzaba por una delgada acequia, una conejera donde se escondían y jugaban conejos con ojos color “bolinche”.


Mamá, recibe este corto homenajes de tu primogénito, por quien también te esforzaste y guiaste sus pasos para transitar, con mínimas heridas y sin sobresaltos, por el sinuoso camino de la vida. Feliz cumpleaños mamá Agripina. O mejor, feliz cumpleaños mamá “Pina” como te dicen tus nietos. 

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