Salir a comer, usar transporte público por la noche o simplemente permanecer fuera de casa después de determinada hora se ha convertido en una decisión condicionada por la inseguridad para una parte importante de la población.
En diversos regiones la población ha restringido sus salidas nocturnas por temor a la delincuencia y que salen menos que hace un año.
El cambio no es menor para la actividad económica. Menos desplazamientos significan menos oportunidades de consumo para restaurantes, comercios y otros negocios que dependen del tránsito de personas. Al mismo tiempo, una parte de la población está asumiendo un costo adicional para reducir su exposición al delito, principalmente al reemplazar el transporte público por taxis o aplicativos.
El Séptimo Observatorio del Crimen y la Violencia confirma que el miedo ya reorganizó la vida de los peruanos: el 85% evita salir de casa a partir de cierta hora y el 58% sale menos que hace un año –65% en el NSE D–, con un impacto directo en el consumo.
El Indice del Crimen y la Violencia - IDCV suma 1,866 homicidios y homicidios fallidos entre enero y agosto, con Tumbes, Madre de Dios e Ica a la cabeza en términos per cápita; el 81% se cometió con armas de fuego. Los transportistas acumulan 251 casos y 21 atentados con explosivos, y la extorsión ya llegó a Huancayo.
Un informe especial advierte que el Perú podría replicar la atomización criminal ecuatoriana. Mientras tanto, apenas 1,661 extorsionadores están presos: el mismo 1.6% de la población penal que en 2016
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