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¡La larga espera está por terminar! Este 28 de julio, Keiko Fujimori asumirá la Presidencia del Perú después de un ajustado y tedioso conteo de votos producto de una polarización nacional. Curiosamente, la vencida en su caso no fue a la tercera, sino a la cuarta. Sin embargo, recibe un país hondamente golpeado por la inestabilidad política, donde ocho presidentes, sin pena ni gloria, gobernaron al país en diez años.
En el marco de este escenario oscilante, Fujimori asume la responsabilidad de contrarrestar la corrupción enquistada en todo el aparato estatal y frenar la delincuencia que está colonizando al país. Estas organizaciones criminales requieren ser combatidas con todas las herramientas legales y el uso legítimo de la fuerza del Estado. En esta batalla, la virtual presidenta ha manifestado que seguirá la estrategia de Nayib Bukele, pero el Perú exige una respuesta aún más drástica y en menos tiempo, como la aplicación del trabajo forzado a fin de devolver la tranquilidad social y reabrir el camino del progreso.
Por otra parte, aunque el Perú experimenta una inestabilidad social y una elevada informalidad que resta al Estado, según las instituciones serias, más de 25 mil millones de soles anuales, seguimos sosteniéndonos gracias a nuestras ingentes materias primas. Pero, entendamos que esa riqueza se acabará. Entonces, es momento de impulsar una agresiva formalización, atraer mayores inversiones privadas y extranjeras, generar empleos dignos, acelerar la industrialización y la tecnologización que nos permitirá ponernos en vitrina global de la competitividad.
Pero este avance será posible si la flamante presidenta impulsa un cambio de paradigma en la gobernanza de todo el aparato del Estado, priorizando el consenso político, la transparencia y el diálogo, sostienen los expertos. Sobre todo, como lo han demostrado Israel, China y otros países desarrollados, es momento de transformar el sistema educativo centrado en méritos de papel y grados hacia la esfera de una educación productiva, científica e innovadora. Ya que, potenciando el talento, promoviendo investigación y desarrollando tecnología, podremos visualizar un país con mayores oportunidades.
Si Fujimori lidera la aniquilación de la delincuencia y el desmantelamiento de la corrupción enquistada en el Estado, dedicado al saqueo de los recursos públicos, el Perú dejará de correr el riesgo de convertirse en un Estado fallido. Así, quedará justificado su aporte como la primera presidenta del Perú elegida por voto popular.
© David Auris Villegas. Experto en autodivulgación científica para posicionar la marca profesional en Google. Edita y divulga las revistas AURISEDUCA y AURIS.
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