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Siete errores que pueden empeorar el daño de los documentos mojados tras una inundación

El Archivo General de la Nación (AGN) explica cómo actuar ante esta emergencia en su “Protocolo para la gestión de riesgos de desastres y siniestros en archivos”.

 

Redacción HC

Cuando un archivo se inunda, el agua no es el único peligro. Una intervención apresurada o sin preparación puede causar a los documentos un daño incluso mayor que la propia inundación.

 

Por ese motivo, el pasado 7 de julio de 2026, el AGN aprobó el “Protocolo para la gestión de riesgos de desastres y siniestros en archivos” (Resolución Jefatural N.° 000168-2026-AGN/JEF), que establece las acciones de prevención, respuesta y recuperación frente a emergencias como las inundaciones.

 

A partir de este Protocolo, el AGN identifica siete errores frecuentes que pueden dañar o incluso destruir un documento histórico después de una inundación:

 

 

1. Sacarlo del agua con apuro

 

Parece lo más lógico, pero el papel mojado pierde rápidamente su resistencia y puede romperse o fragmentarse si se manipula de forma inadecuada. Por ello, el Protocolo recomienda no extraer los documentos sumergidos hasta que se haya retirado el agua del repositorio (que debe ser pronto), y se pueda trabajar en condiciones seguras.

 

2. Ponerlo a secar al sol

 

El calor intenso y el secado demasiado rápido pueden deformar o alterar el papel. Lo adecuado es realizar un secado controlado con aire frío, sin exponer los documentos mojados directamente al sol.

 

3. Usar una secadora, una plancha u otra fuente de calor

 

Muchas veces se cree que secar más rápido ayuda a la recuperación del documento afectado, pero ocurre lo contrario: el exceso de temperatura daña no solo el papel, sino también las tintas, los pigmentos, los adhesivos y las encuadernaciones.

 

4. Separar a la fuerza las hojas pegadas

 

Cuando un documento se moja, sus hojas suelen adherirse entre sí. Intentar separarlas puede ocasionar desgarros y pérdida de fibras o de tinta. El riesgo es mayor si el papel tiene alguna cobertura adhesiva, como sucede en el caso de los papeles de tipo estucado (couché), satinado y autocopiativo. Por eso, un documento mojado siempre debe tratarse como un objeto frágil.

 

5. Frotarlo para quitar el barro o la suciedad

 

El agua de la inundación arrastra barro y otros residuos, por lo que limpiar el documento puede parecer urgente. Sin embargo, en los documentos históricos la limpieza no debe improvisarse: al frotarlos, se pueden desprender fibras, tintas u otros elementos gráficos ya debilitados por el agua.

 

6. Apilar los documentos mojados

 

Otro error es sacar los documentos del agua y colocarlos uno encima de otro. Esta acción favorece su deformación y la aparición de hongos y otros microorganismos, sobre todo mientras la humedad sigue alta.

 

7. No registrar lo que se rescata

 

No basta con salvar el documento, también se debe preservar su identificación y saber a qué serie documental pertenece. Si durante el rescate se mezclan cajas, expedientes, folios o tomos, se puede perder información valiosa, aunque el papel sobreviva. Por eso, todo rescate debe incluir acciones de identificación, registro y control.

 

 

Para conocer en detalle cómo actuar en un archivo ante una inundación, puede consultar el Protocolo completo en el siguiente enlace: https://www.gob.pe/institucion/agn/normas-legales/8347393-000168-2026-agn-jef

 

 

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