Ya sea que se efectúe en ríos, lagos y lagunas de agua dulce o en jaulas marinas costeras, la cría de la trucha es un dinámico subsector de la acuicultura en América Latina que sustenta los medios de vida de miles de personas de toda la región. Sin embargo, las truchas criadas en granjas de aguas libres son propensas a contraer enfermedades que se propagan con facilidad en el agua.
Los criadores de trucha arcoíris de América Latina están utilizando técnicas de base nuclear para detectar brotes de enfermedades mortales con mayor prontitud y criar peces más resistentes, lo que ayuda a impulsar la seguridad alimentaria y proteger los medios de subsistencia.
Científicos toman muestras de truchas arcoíris en comunidades rurales y ubicadas a grandes altitudes para mejorar el análisis genético de esa especie. (Fotografía: R. Nahuelpi/ Universidad de Chile)
Apoyo para la detección precoz de enfermedades
Una de las amenazas más graves para la trucha arcoíris es el virus de la necrosis pancreática infecciosa, causante de una enfermedad muy contagiosa que puede provocar altas tasas de mortalidad en los peces.
En las poblaciones de alevines y peces inmaduros en las que se presentan brotes graves de infecciones por el virus de la necrosis pancreática infecciosa pueden llegar a observarse tasas de mortalidad de más del 50 %, y en casos extremos, de casi el 90 %. Si se produce un brote, los criadores pueden perder gran parte de su producción piscícola. Debido a que la trucha es una fuente de alimento nutritivo para muchas comunidades rurales y comunidades ubicadas a grandes altitudes, las pérdidas de producción constituyen amenazas tanto para los medios de subsistencia como para la seguridad alimentaria.
Antes resultaba difícil detectar de manera precoz el virus de la necrosis pancreática infecciosa debido a limitaciones en las capacidades de diagnóstico, pero con el apoyo del OIEA, en la actualidad los científicos están utilizando técnicas nucleares para detectar agentes patógenos de manera más incipiente y distinguir rasgos genéticos vinculados a la resistencia a las enfermedades.
La trucha es rica en proteínas de alta calidad y ácidos grasos omega-3, que son cardiosaludables y favorecen el desarrollo cerebral y el bienestar general. (Fotografía: Carolina Araya/ Universidad de Chile)
Para hacer frente al virus de la necrosis pancreática infecciosa, el OIEA dotó de equipo a laboratorios y capacitó a especialistas en nueve países de la región (la Argentina, el Brasil, Chile, el Ecuador, México, Panamá, el Perú, el Uruguay y Venezuela) a través de un proyecto de cooperación técnica del OIEA encuadrado en el ARCAL y con el apoyo del Centro Conjunto FAO/OIEA de Técnicas Nucleares en la Alimentación y la Agricultura.
El objetivo del proyecto era pasar de una postura reactiva frente a la enfermedad a un enfoque de prevención por medio de medidas científicas y de cooperación.
Gracias a la capacitación del OIEA en técnicas de base nuclear, entre las que se incluyen el análisis avanzado del ADN, la secuenciación genética y el diagnóstico molecular, los científicos adquirieron herramientas prácticas para comprender mejor el virus y los peces.
Las actividades de creación de capacidad del OIEA dotaron a los científicos de competencias de análisis de las características genéticas de las poblaciones de trucha arcoíris y de detección de marcadores moleculares vinculados a la resistencia genética al virus de la necrosis pancreática infecciosa.
Este gran adelanto da a los criadores la posibilidad de elegir peces que tienen resistencia genética al virus, lo que ofrece una valiosa oportunidad de mejorar la resistencia de las poblaciones de trucha arcoíris en la región.
“Según una estimación prudente, los datos científicos apuntan a que una selección realizada con base en este marcador puede aumentar la tasa de supervivencia en alrededor de un 1,2 %”, dice Carla Bravo de Rueda, Oficial Técnica de Sanidad Animal en el Centro Conjunto FAO/OIEA de Técnicas Nucleares en la Alimentación y la Agricultura. En concreto, esto se traduce en casi 1,2 toneladas adicionales de pescado por cada 100 toneladas que se producen por generación, dependiendo de la frecuencia del marcador y de la incorporación progresiva de este mediante selección en los programas de cría.
“Debido a que la trucha alcanza tamaño comercial al cabo de tan solo unos pocos años, esas ganancias del 1,2 % de cada generación se acumulan con rapidez y se convierten en muchas toneladas de pescado adicionales que los criadores pueden vender”, añade.
En la acuicultura, incluso pequeñas mejoras en la supervivencia de los peces pueden marcar diferencias considerables. Si los peces son más sanos y más resistentes habrá menos pérdidas, una producción más estable y mayores ingresos para los criadores. En cuanto a los países, esto fomenta el crecimiento económico y fortalece los sistemas alimentarios, lo que garantiza el acceso de las comunidades a alimentos nutritivos que contribuyan a mejorar la salud.
Por lo que se refiere a los programas de cría, estos se reforzaron en Chile y se implantaron en el Brasil, acciones que sentaron las bases para un desarrollo regional continuo. En lugar de basarse únicamente en la experiencia, las decisiones de cría ahora pueden orientarse por principios científicos y puede hacerse cría selectiva de peces que tengan resistencia al virus en función de las condiciones de cada lugar.
“Este proyecto ha mejorado la cría de la trucha arcoíris mediante el uso de análisis genético avanzado para la detección y la confirmación de rasgos vinculados a la resistencia al virus de la necrosis pancreática infecciosa” —afirma José Manuel Yáñez López, Decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile—. Esos avances allanan el camino para contar con estrategias más precisas de selección asistida por marcadores, que ayudarán a mejorar las tasas de supervivencia, aumentar la eficiencia de la cría y fortalecer la resistencia genética de las poblaciones de acuicultura”.
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