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Cada semana, como columnista especializado en educación, salgo en búsqueda de novedades en un ecosistema educativo que velozmente se transforma como un camaleón andante.
Mis pesquisas me conducen al callejón cuya salida no puede dejar de preocuparme: la precarización docente. En muchas universidades, sobre todo en Latinoamérica y nuestro país, el profesor parece un profesional decorativo, cuando, en realidad, es el alma de la fiesta académica. Si aspiramos a profesionales universitarios de alta competencia, potenciemos su talento y asignémosle el rol protagónico de la película.
Mientras recorro, pienso, tropezando en voz alta: ¿Hasta cuándo precarizaremos al docente universitario? ¿Acaso nos hemos acostumbrado a verlo como un actor de reparto?
Preso de estas preguntas inquietantes, encuentro el Informe sobre las tendencias de la educación superior de la UNESCO 2026, publicado el pasado junio, y plantea diez tendencias en la educación superior. Su propósito es orientar a los responsables de políticas públicas en la toma de decisiones y reformas educativas.
Un aspecto del documento aborda la precarización de la docencia universitaria, marcada por la inseguridad laboral, contratos precarios, sobrecarga de trabajo y exigencias burocráticas. Aunque el 69 % de países prioriza el desarrollo profesional, pocos estiman el bienestar docente. Esto significa que, si no valoramos integralmente al profesor, arriesgamos el éxito académico y lo abandonamos solo ante circunstancias adversas.
Otro aspecto relevante del informe muestra las amenazas a la libertad académica del profesorado, que trabaja cada vez bajo mayor presión. No olvidemos que la libertad es el germen de la creatividad, ingrediente crucial en la universidad. Si bien el 65 % de los países la garantiza legalmente, 34 registran retrocesos; situación preocupante que constituye un urgente llamado a actuar por el bien común.
Asimismo, la desigualdad y la representación académica persisten latentes. Aunque existen más mujeres que hombres en el planeta, el Informe sostiene que, en 2023, ellas representaban solo el 44 % del profesorado universitario mundial, mientras su participación en programas STEM permanece paralizada en 35 %. Este cuadro exige replantear las políticas educativas, pues de lo contrario no avanzaremos en equidad, tal como reclama el compromiso transformador de los ODS.
Finalmente, este informe nos recuerda que no debemos romantizar la educación superior, sino abrazarla como un salvavidas intergeneracional. Mientras sigamos precarizando al docente universitario, debilitaremos su papel y pondremos en riesgo nuestro porvenir, en un mundo donde soplan vientos nada favorables para nuestra especie.
© David Auris Villegas. Experto en posicionar la marca personal en las redes digitales y editor de revistas universitarias y pedagógicas.
Informe Mundial sobre las Tendencias de la Educación Superior: hacia una educación superior inclusiva, equitativa y de calidad en un contexto de movilidad internacional.
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