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El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) publicó el 5 de mayo de 2026 un informe técnico sobre la pobreza monetaria correspondiente al año 2025.
El documento concluye que el Perú aún no logra recuperar los niveles de pobreza previos a la pandemia. Tras cinco años de crisis política y dificultades económicas, el país continúa registrando mayores índices de pobreza en comparación con 2019, evidenciando un limitado avance en la recuperación social y económica nacional.
Actualmente, este informe está siendo muy comentado por casi todos los medios de comunicación del país. Expertos y políticos analizan la pobreza, describen sus causas, comparan al Perú con otros países e interpretan cifras estadísticas. Sin embargo, pocos presentan propuestas concretas para enfrentar este problema social. Muchas veces, el debate queda reducido a diagnósticos y discursos difundidos en periódicos, entrevistas y conferencias, sin acciones efectivas que realmente mejoren la calidad de vida de millones de familias atrapadas en la pobreza.
El informe señala que en el Perú viven más de ocho millones de personas en situación de pobreza y que el 60 % de la población en extrema pobreza apenas cuenta con educación primaria. Resulta preocupante que, siendo un país rico en recursos naturales, exista una deficiente gestión pública. Muchos líderes y funcionarios carecen de una visión clara de desarrollo sostenible para el país y solo presentan estadísticas optimistas, mientras que la realidad social demuestra profundas desigualdades y limitadas oportunidades para millones de ciudadanos.
Además del limitado liderazgo, es necesario que el Estado impulse políticas educativas que garanticen la culminación obligatoria de la educación secundaria. También debe implementar programas de nutrición masiva y subvención para adolescentes que no asisten a la escuela porque trabajan debido a la pobreza, son huérfanos o enfrentan otras dificultades. Si estos jóvenes logran concluir la secundaria, tendrán mayores oportunidades de desarrollo y empleo, contribuyendo así a reducir la pobreza y construir un futuro más justo para el país y toda la sociedad.
Para terminar esta reflexión, dada la exigencia global, es imperativo impulsar una educación productiva desde la infancia hasta la universidad. El país requiere formar ciudadanos con capacidades científicas, tecnológicas, creativas y emprendedoras, capaces de innovar y producir conocimiento. Para ello, miremos modelos educativos como los de China e Israel, centrados en potenciar el cerebro humano como base de la prosperidad.
© David Auris Villegas. Ha publicado: Hacia una educación del buen vivir y Cómo redactar y publicar artículos científicos. Edita y divulga la revista AURIS.
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