Marina Auris Ñáñez podría dedicar su tiempo únicamente a su familia. Sin embargo, decidió dar un paso más y liderar, junto a cientos de niños en Ica, un movimiento dedicado a preservar el medio ambiente y construir un futuro más saludable para las nuevas generaciones.
Su historia refleja cómo el compromiso con una comunidad puede convertirse en una fuerza capaz de movilizar a otros.

Ella se ha convertido en una guardiana del arenal y en defensora del huarango, un árbol nativo milenario del género Prosopis que resiste en los desiertos y zonas áridas de la costa sur del Perú, especialmente en esta provincia.
“Me considero una guardiana porque esto me cuesta mucho trabajo y sacrificio. Hemos hecho muchos bosques aquí, en Ica, con la participación de los niños. Pienso que el futuro de ellos está asegurado ambientalmente con todo lo que han aprendido”, asegura.
“Un día yo iba hacia Villacuri, con dirección a la playa, y vi que en lo alto de la colina había una planta verde. Yo decía: ‘¿Por qué no sembrar una planta que no exija mucho trabajo para crecer?’. Entonces fue primer árbol que sembramos en el parque Renán Elías, que hasta ahora es un hermoso huarango bien frondoso", narra con mucho orgullo.
Así nació el Club Amigos del Árbol, donde cada niño tiene un amigo especial: un huarango. La elección responde a una convicción de Marina Auris: “Donde usted mira un huarango, hay vida”. Su labor ha contribuido a sensibilizar a la población iqueña sobre la importancia de preservar esta especie, cuya vulnerabilidad ha sido reconocida por la legislación ambiental.
“Me considero una peruana que suma porque es una afición, una vocación, que nadie me ha enseñado, sino que me nace. Sé que este árbol tan bondadoso, tan lindo y de muchos beneficios, quisiera que todo Ica lo tenga en los parques y avenidas”, dijo muy emocionada.
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