CASTROVIRREYNA | En las alturas gélidas de la región, donde el cielo parece tocar la tierra y el viento corta la piel, la vida se vuelve una batalla diaria. Las comunidades altoandinas, ubicadas a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar, enfrentan intensas nevadas y heladas que azotan con fuerza este inicio de temporada.
Una de las zonas más afectadas es San José de Astobamba, en el distrito de Santa Ana, provincia de Castrovirreyna (Huancavelica). A una altitud de 4 571 msnm, sus pobladores, dedicados a la crianza de alpacas, resisten temperaturas extremas que han provocado la muerte de crías, la escasez de pastos y un aumento de enfermedades respiratorias, especialmente entre niños y adultos mayores.
La ayuda llega a cuentagotas. “Con agüita de cooca aquí espantamos la tos”, relata un comunero en quechua, describiendo los remedios caseros que utilizan ante la falta de medicinas. Otro añade resignado: “Solo cuando la enfermedad avanza vamos a las postas de la ciudad”.
El drama se intensifica cuando la nieve cubre los pastos. Los comuneros, pala en mano, deben remover la nieve para que sus animales puedan alimentarse. “Tenemos que sacar la nieve para que nuestros animales puedan comer”, explica otro poblador.
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Pero más duro que el frío es el olvido.“Nadie nos recuerda, aquí morimos, recién cuando morimos vienen a recogernos”, dice con amargura un anciano de la zona.

En medio de la adversidad, las familias de Astobamba y otras comunidades ubicadas en alturas extremas se aferran a la vida y a sus alpacas, símbolo de sustento y esperanza. Su fortaleza es un recordatorio de que, en las alturas de Huancavelica, el frío no solo congela la tierra, sino también la conciencia de quienes olvidan a los guardianes de los Andes.
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