El reclutamiento de menores de edad en Colombia y Ecuador por estructuras criminales crece y se transforma. Los grupos armados buscan cada vez más niñas, las redes sociales sirven como vidriera de captación y la escuela deja de ser un espacio seguro para convertirse en uno central del reclutamiento.
En Colombia el número de niños y niñas reclutados y utilizados por grupos armados se incrementó en un trescientos por ciento en los últimos cinco años, según Unicef. En Ecuador no existen datos oficiales, pero varios trabajadores del sistema educativo coinciden en que sigue una dinámica similar. Cada vez más menores de edad se identifican con bandas criminales.
A ambos lados de la frontera, se trata de un problema estructural: niños y niñas son arrebatados a la fuerza de su comunidad o atraídos bajo promesas económicas inalcanzables para ellos, ubicados en comunidades con altos índices de pobreza, pocas oportunidades laborales y una fuerte presencia de estructuras criminales dedicadas a economías ilícitas.
Las dinámicas del reclutamiento infantil están mutando. En Colombia, los grupos armados que reclutan a los menores de edad cada vez funcionan más como empresas criminales.
Para atraerlos al crimen organizado, ofrecen a los jóvenes garantías contractuales y beneficios “laborales” como salario y vacaciones. También les obsequian motocicletas a ellos y cirugías estéticas a ellas.
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