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Enseñar no debe ser monopolio de los titulados en pedagogía

La escuela necesita buenos educadores, no solamente profesionales titulados en educación. La pregunta decisiva no debería ser qué diploma tiene quien enseña, sino qué sabe, cómo enseña y cuánto contribuye al desarrollo de sus alumnos.

 

Por: León Trahtemberg 

Especialista en Ciencias de la Educación

 

¿Puede alguien enseñar bien sin tener título pedagógico? Según ECData de El Comercio (marzo de 2025), basada en cifras del Minedu, 119.480 docentes escolares (20%)  carecen de título profesional en colegios públicos y privados.

 

La legislación exige regularizar esa situación hasta fines de 2026 o retiro de la docencia. Pero ¿tiene sentido convertir el título pedagógico en requisito excluyente?


A diferencia de otras profesiones, enseñar es una actividad humana universal. Enseñan los padres a sus hijos, los médicos a sus internos, los ingenieros a sus practicantes, los artistas a sus discípulos y los especialistas a quienes desean aprender de ellos. Muchos enseñan idiomas o computación en institutos superiores sin poseer título pedagógico. La educacion superior está repleta de docentes sin titulo pedagogico de profesor.

 

¿Por qué la escuela debería privarse de ese capital humano? Científicos, empresarios, escritores, músicos, diseñadores o técnicos experimentados pueden despertar vocaciones, desarrollar talentos y transmitir criterios que ningún diploma garantiza.


Sería como sostener que solo quien estudió gastronomía puede enseñar a cocinar, o que un músico virtuoso no puede formar talentos porque carece de diploma docente. Confundimos la certificación de una trayectoria formativa con la demostración de una competencia. El título acredita estudios realizados, pero no garantiza talento para enseñar, conectar con los alumnos ni despertar su curiosidad.


Hay, además, una paradoja: mientras reclamamos escuelas innovadoras, interdisciplinarias y conectadas con el mundo real, levantamos barreras para que ingresen quienes viven y transforman ese mundo. ¿Cómo acercar la ciencia, el arte, la tecnología o el emprendimiento a los escolares si excluimos a sus protagonistas? 


La escuela corre el riesgo de convertirse en un recinto donde solo pueden enseñar quienes aprendieron a enseñar dentro del propio sistema escolar.


Esto no significa que cualquiera pueda enseñar cualquier cosa. Trabajar con escolares exige idoneidad, competencias comunicativas, sensibilidad pedagógica y capacidad para acompañar aprendizajes. Pero esas capacidades pueden acreditarse mediante experiencia, evaluación de competencias y formación profesional o complementaria, sin exigir necesariamente una carrera pedagógica completa.


La escuela necesita buenos educadores, no solamente profesionales titulados en educación. La pregunta decisiva no debería ser qué diploma tiene quien enseña, sino qué sabe, cómo enseña y cuánto contribuye al desarrollo de sus alumnos.

 

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