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Por: Esteban Saldaña Gutiérrez Ingeniero Industrial |
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Padre, necesito vestimenta para la actuación del día de mañana en el colegio, ¿puedo ir al mercado Covida para alquilar?, preguntó el joven. El padre se encontraba en su escritorio, afanado en sus quehaceres. Asintió con la cabeza. Entre el mercado Covida y la oficina no hay más de quince minutos.
Pasó una hora y el padre inquieto y un tanto preocupado por la tardanza decidió ubicarlo por celular. Marcó el número y al otro lado de la línea contesto el joven. Donde estás, pregunto el padre, un tanto ofuscado. Por el mercado Productores, respondió, pretendiendo tranquilidad. Entre ambos mercados existe una distancia de casi una hora. ¡Qué haces allá! Quien te autorizó irte hasta ese mercado. Nadie papá, respondió con algo de timidez. En este momento te vas a la casa, en el acto, ordenó molesto el padre. Ya papá respondió el hijo. Alla nos encontramos, sentenció el padre.
En el trayecto a casa, el padre muy molesto por la desobediencia del hijo, conjeturaba una serie de castigos, uno peor que otro. No puedo prohibir su participación en la actuación, pensaba. Queda “incautar” el celular por tiempo indeterminado. Eso es. También cero permisos. Por último, ningún regalo por su cumpleaños. Por esas cosas de la vida el cumpleaños del joven caía al día siguiente, cumplía 15 años.
El padre llegó a casa y la sorpresa fue peor. El hijo aún no llegaba. Si estaba molesto, ahora estaba realmente furioso por la desobediencia y por el cuasi desafío. En la mente del padre se multiplicaron los castigos. Cero permisos. Cero. ¡Cero regalos, que tal lisura! Estaba completamente decidido a cumplir con los castigos a imponerse. En ese interín suena el celular y aparece el nombre del hijo. Estaba tan molesto que decidió no responder. El celular no dejaba de timbrar, llamada tras llamada. Decidió responder, por si algo malo le pasaba al hijo. Illari…!, respondió con voz molesta, alterada. Una voz suave, tierna, juvenil, se enfrentó a la voz áspera. “Señor, le habla la novia de Illari.” ¿Como? atino a responder el padre con voz ya suavizada por la sorpresa. Si señor, soy la novia de su hijo. Disculpe usted, el estaba conmigo todo el tiempo que le dio permiso. El padre que marcaba 200 de colera, de un porrazo pasó a 100 y de ese estado a cero. Recién se enteraba del “noviazgo”. Está bien señorita, está bien, respondió derrotado. Donde están. Por el mercado Productores. Está bien, dijo, por toda respuesta. Con cuidado por favor. Al rato, casi media hora después, volvió a sonar nuevamente el celular. Dime hijo, respondió el padre, con mansa tranquilidad. Deposíteme 30 soles para pagar nuestro jugo, por favor pá. Ya hijo, respondió y le depositó 40 soles.
Feliz cumpleaños Illari Esteban Saldaña Mesia. Me haces reír. Me haces enojar. Me haces sentir padre. Que todos tus deseos y metas se cumplan hijo. Mil felicidades. Tienes un larguísimo camino que recorrer. Debes estar preparado para los vaivenes y vicisitudes de la vida.
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