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Desde tiempos antiquísimos, la familia ha sido el motor de toda sociedad. Sin embargo, la invasión tecnológica está cambiando los roles familiares: hoy, en muchos hogares, ya no lideran los padres, sino el WhatsApp y las redes sociales. Peor aún, muchos jóvenes forman familias colonizadas por la tecnología sobre el valor de la convivencia y la real comunicación.
Así, ¿cómo pedir a muchos padres que eduquen a sus hijos si todavía necesitan una educación que valore al otro? Por ello, las escuelas necesitan cultivar en los estudiantes el valor de la convivencia, liderazgo familiar y responsabilidad social. De lo contrario, la familia seguirá siendo erosionada por los mismos padres, debilitando el rostro de la sociedad.
Consciente del poder de la familia, la Organización de las Naciones Unidas, desde 1994, cada 15 de mayo, celebra el Día Internacional de la Familia, “para crear conciencia sobre el papel fundamental de las familias en la educación de los hijos desde la primera infancia, y las oportunidades de aprendizaje permanente que existen para los niños y las niñas y los jóvenes”. Esto significa que la educación empieza en los hogares y la escuela se suma a fortalecer los valores.
Este compromiso social centrado en la educación implica formar pequeños ciudadanos con apoyo de los padres de familia, aliados naturales de la escuela. Al asumir el liderazgo familiar, los padres deben involucrarse activamente en las tareas y formación de sus hijos, brindándoles afecto, motivación y confianza para vigorizar su desarrollo personal.
La familia, como una pequeña sociedad, también enfrenta conflictos que impactan en los aprendizajes y el desarrollo emocional de los niños. Además, hoy existen diversos tipos de familias, como las nucleares, monoparentales y otras formas de convivencia. Por ello, desde las aulas debemos enseñar a los estudiantes que la unión familiar, cualquiera que sea su modalidad, se sostiene en el diálogo democrático, el respeto mutuo y la convivencia empática.
Desde las escuelas a través de los planes curriculares, es inteligente y didáctico analizar ideas como las del Papa Francisco, que afirmó: “La familia es el primer lugar donde se aprende a amar”, de manera que reflexionar sobre estas ideas desde una mirada crítica permite cultivar el amor como base de familias y sociedades más solidarias.
La escuela educa a la familia al formar a los niños y niñas en el respeto y el amor, que siembran los granos de esperanza que alimentarán el espíritu de la sociedad.
© David Auris Villegas. Ha publicado: Hacia una educación del buen vivir y Cómo redactar y publicar artículos científicos. Edita y divulga la revista AURIS.
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