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Por: David Auris Villegas Escritor/Poeta davidauris@gmail.com |
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Ayer vi en el cementerio a un famoso coach con el rostro desencajado, acompañando a su esposa. Era admirado por sus cientos de conferencias sobre felicidad, amor de pareja y éxito, muy célebre en la prensa y en las redes sociales.
Sin embargo, detrás de esa imagen sonriente y ejemplar, se escondía un prisionero de los celos. No permitía que su bella esposa tuviera vida social. Le había prohibido trabajar mientras él siempre le era infiel, incluso con la esposa de su mejor amigo, quien aparentaba no saberlo.
Tan intachable se consideraba ante la sociedad que en secreto le pedía a ese amigo —quien además era su subordinado en la organización— que, en cada reunión social, alabara a su esposa diciéndole lo hermosa que se veía. Al escuchar esos halagos, ella sonreía orgullosa y respondía con un tono cómplice:
—Eso se lo debo a mi marido, que siempre se preocupa por adornarme con finas joyas.
Lo que jamás sospechó fue que aquel amigo, humilde y silencioso, había sostenido un clandestino romance con su esposa durante más de medio siglo. Recién se enteró de esa brutal verdad al ver a su esposa llorar en silencio ante la tumba de su amigo.
Entonces, el viejo coach descubrió la mayor paradoja de su vida: había mostrado el camino de la felicidad a millares de personas y nunca aprendió a ser feliz dentro de su propio hogar.
© David Auris Villegas. Ha publicado: Hacia una educación del buen vivir y Cómo redactar y publicar artículos científicos. Edita y divulga las revistas AURIS y AURISEDUCA.
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