Por: León Trahtemberg - Analista en Educación
Un director no necesita que el Estado le explique dónde guardar un celular. Necesita saber qué puede hacer frente a un agresor.
El Minedu ha dedicado su capacidad normativa a reglamentar con enorme detalle un problema relativamente sencillo y que muchísimos colegios ya habían resuelto —el uso de celulares—, mientras mantiene pendiente el problema realmente urgente: devolver a directores y docentes herramientas efectivas para gestionar la convivencia, la disciplina y la violencia escolar. (D.S. N.º 018-2026-MINEDU, sobre celulares, publicado el 3 de octubre de 2026)
A los directores no les urge que el Estado les explique dónde guardar un celular. Les urge tener las herramientas para actuar con firmeza frente a los agresores, el bullying, la violencia reiterada, las amenazas y otras conductas que hacen imposible la convivencia.
Eso fue precisamente lo que el ministro José Antonio Chang prometió después del grave caso del Liceo Naval. Dijo que se había relajado la disciplina y quitado autoridad a directores y maestros, y anunció que el Minedu emitiría normas para que recuperaran esa autoridad y pudieran aplicar medidas escalonadas según la gravedad de las faltas. Días después reiteró ante el Congreso que esas normas saldrían “en breve”. Era una respuesta que recogía una amplia demanda de padres, educadores y colegios por contar con mejores herramientas frente a la violencia escolar.
Hoy el sistema protege correctamente el derecho a la educación del alumno que comete una falta. Pero tiene enormes dificultades para proteger con la misma eficacia el derecho de la víctima a no convivir diariamente con su agresor y el derecho de profesores y alumnos a estudiar y trabajar en un ambiente seguro. Se necesitan medidas proporcionales, debido proceso y garantías. Pero también se necesita autoridad.
Regular el uso de celulares es sencillo. Muchos colegios ya lo hacen y numerosos sistemas educativos del mundo también lo han regulado. Lo difícil es darle al director opciones reales cuando la convivencia se rompe. La prometida reforma de las normas de convivencia y disciplina sigue esperando. Ojalá no tenga que ocurrir otro hecho dramático para que volvamos a escuchar del Minedu que “ya viene”.
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